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Maris Bustamante

Un textil para tejer el espacio.
Apuntes para una biografía en primera persona.

Reflexiones compartidas con Maris Bustamante, en base a las preguntas formuladas por Alicia Azuela.

Es de esperar que todo el mundo empiece en algún momento. Los movimientos se dan de manera virtual y de manera real. Mi momento virtual empezó hace 25 años e que realizaba ambientaciones con elementos espaciales, cromáticos y sonoros. La plástica era mi finalidad insatisfecha. Mi momento real, el que yo significo como el importante se da en el años de 1974 en que por voluntad propia me dirijo a un centro de investigación artesanal en Lerma, en el Estado de México.

Mis experiencias con la plástica no habían sido tan reconfortantes, seguía esperando encontrar un espacio más íntimo para producir una obra que sin embargo, no recayera en los gestados caminos del cuadro de caballete y mitos que siempre lo acompañan. El textil se me ofreció como la salida alternativa aparentemente idónea —no confundir con ideal— para enfocar mi producción. Años después me di cuenta de que, desafortunadamente, lo que pasa en el mundo de la pintura se traslada a calca con el textil. Las aspiraciones de los que penetran las telas son inconscientemente e inconsistentemente artísticas. A pesar de todo, a través del textil apreciaba espacios menos inertes, por lo que decidí no abandonarlo. Ante todo deseo reconocerme como diseñadora textil. Confluyen en mí dos vertientes: la plástica que me hace dirigirme a la obra única de finalidades artísticas y de lugares más o menos convencionales; y la parte diseñística que me cuida de la anterior al orientarme a la obra en serie. El resultado de éstas consanguinidades bastante dialécticas se dan en objetos tridimensionales que recuperan lo textil como materia prima fundamental para atacar un espacio que siempre fue mi objetivo prioritario.

Todos estos postulados que he ido armando no los siento contradictorios sino más bien complementarios; aprovechando la tecnología industrial en la elaboración de telas para producir mis objetos textiles.

En mi proceso personal, mi principal aportación es la de llevar al textil a la tridimensionalidad exaltando el espacio y el color entendiendo a la tridimensionalidad como un verdadero y angustioso salto al vacío. Me interesa incorporar a la tapicería la veracidad de los objetos como los reconocemos afectivamente en la realidad, con sus colores, sus sensualidades y sus texturas. Ahí es donde las ambientaciones realizadas 20 años atrás dejaron su herencia dándole continuidad y sentido a mi trabajo anterior.

Mis influencias provienen de los libros y de los artesanos en primer lugar, y después de las producciones de la tapicería prehispánica peruana y de la cultura de Oceanía. Me dirijo con los ojos del ahora a los tejidos de las culturas arcaicas en su sentido de ser las primigenias y no como muchas ignorancias las creen: "primitivas".

Hablo de mi obra como un artesano de sus piezas y de sus intenciones personales en ellas aceptando con humildad su impronta en el trabajo, y no como los pseudoartistas que aspiran a levitar apoyados en sus mitos y supersticiones baratas blandiendo casi siempre inexistentes.

En los procesos contenidos del trabajo se dan el desarrollo y la evolución, pero no necesariamente mancomunados para infortunio de tantos, ni siquiera a veces nos corresponde un mínimo de desarrollo de acuerdo a la cotidianidad sostenida en las labores. Sin embargo, y pese a las adversidades siempre presentes al unir el trabajo con el estudio, aprecio que en el mío se han sucedido etapas: una primera de sentido planimétrico tradicional; de ahí al relieve de dos caras con cuya ambivalencia trabajé con recursos como las transparencias y las cualidades de los materiales las que, como en el caso de las texturas, no sólo aproveché sino que exprofeso las fui tejiendo para aprovecharlas realmente. Para atacar el espacio tridimensional utilicé módulos para armar armónicamente mis estructuras. Pero a estas unidades de repetición no respeté del todo pues las trabajé en forma diversa por medio de ritmos, colores y texturas.

Las dimensiones trabajadas en mis objetos van de lo considerado como pequeño formato hasta lo contundentemente grande. Pero en ambas modalidades no encuentro ninguna relación con la escultura. Mi intencionalidad es la de organizar objetos textiles utilizando las técnicas de la industria de las telas con finalidades voluntariamente artísticas.

La soberbia mítica de los artistas del pasado ha difundido la creencia de que todo lo que ataca el espacio con fines artísticos es escultura, lo que veo como incierto. Mucho he meditado en mi aversión a considerar mi trabajo como escultórico y me parece que tal vez mi deseo de aportar me hace evadir voluntariamente el transcurrir por caminos tan experimentados. Con razón o sin ella, todavía deseo hablar de objetos antes que de escultura, y al final creo que la obsesión por ser va en relación directa a lo que se hace para reconocerse de determinada manera. Es necesario establecer líneas de responsabilidad directa con el trabajo cristalizado en los objetos, sin perder de vista la distancia que también debemos anteponer a ellos, para romper la simbiosis con la propia obra, para reconocernos como artistas y desconocernos como únicos al trabajar con obras únicas.

Esta es una de las pocas maneras que existen para evitar caer en los mitos aún hoy resucitados constantemente por legiones de productores chatos de mente y de sentidos, que siguen creyendo que ellos son la realidad y no sólo algunos de los instrumentos con los que los humanos pueden ver a la realidad de otras maneras que completen o equilibren el difícil discernimiento de ella.

Las actividades paralelas que ejerzo al desarrollo del tapiz también están relacionadas con él, más específicamente con su enseñanza. Me sigue interesando contribuir a la formación de profesionales para la industria, con pleno sentido estético, por lo que mi enseñanza lo vincula al diseño, no al arte. Considero que mi aportación definitiva en el terreno de lo académico, se dará cuando logre consolidar un laboratorio de experimentación textil en el cual se promueva una auténtica investigación creativa, en beneficio de nuestras formaciones sociales latinoamericanas.

Ciudad de México, agosto de 1988.