Josu Iturbe

MAHIA BIBLOS Y EL TEXTIL
OPÚSCULO AL ARTE DE AHORA.

Sorprendentemente el textil como material para la expresión subjetiva no ha sido punto de interés -ni muchas veces de comprensión- para los especialistas y eruditos que trabajan alrededor del fenómeno artístico. Resulta curioso que un soporte usado hasta la saciedad por el humano desde la noche de los tiempos apenas sea concebido como decoración o artesanía, como si estas categorías pudieran siquiera aislarse del arte "puro".

Cuando el arte adquirió rango para ser objeto de investigación científica, y las formas y los estilos se comenzaron a comprender orgánicamente -aunque siempre desde el punto de vista histórico y de sus sucesivos discursos teóricos-, tendieron a dividirse entre "gran arte" y "arte aplicado".

Tendría que llegar la ferocidad de la vanguardia para comenzar la labor de derribar falsos tabiques en el edificio estético. Áticos expresivos salieron a la luz, sótanos oníricos aparecieron, habitaciones minúsculas agrandaron su diseño, ampliaron su área. El arte desde la convención fue primero contra la convención misma, siguiendo la vieja máxima del "tírale a la cabeza". La subjetividad respecto a la naturaleza y su representación fue el comienzo, puesto que la subjetividad atañe directamente a la creación de obras autónomas, independientes y significantes en sí. El arte se abría cerrándose. Los temas, las formas, el sentido mismo del papel del artista se transformaron con la labor demoledora, remodeladora, destructiva-constructiva de la fiebre de "ismos" desde finales del siglo XIX hasta avanzado el XX. Las neovanguardias continuaron la experimentación en los soportes y las técnicas, comenzando a incorporar elementos de otros medios masivos de comunicación que continúan la labor de demolición del antiquísimo edificio artístico.

La actualidad no podía ser menos. El artista insiste -en la construcción cuya primera piedra fue colocada hace miles de años- en ampliar un ala, reforestar el jardín, o construir un nuevo piso en el que acomodar nuevas tecnologías y avances cibernéticos. Para ganar esta brillantez la mole constructiva ha tenido que abrir desvanes y buhardillas donde viejos cachivaches se hacen nuevos, se absorben en esta edificación del "palimsesto" artístico.

De esas oscuridades ahora reverberantes de luz surgen elementos que se incorporan al discurso creativo. De la artesanía y de la decoración de objetos de uso se extraen útiles plataformas para el desarrollo expresivo; las tecnologías, los géneros, los materiales se abren a la totalidad de la oferta iconográfica. Pero el textil, por ejemplo, cuenta además de su "descubrimiento" con una trayectoria que atañe a todas las culturas y a todos los tiempos, en los usos más variados, en las estéticas más divergentes. El textil, aunque no existan suficientes vestigios por lo efímero de las fibras y demás, encuentra en todas las etapas culturales y de desarrollo de lo humano un lugar trascendental, sobre todo en el sentido de mantenimiento de esquemas estéticos, motivos, formas decorativas que han sido parte indisoluble de la imaginería colectiva de lo humano.

De ahí es desde donde parte Mahia Biblos. No es la artesana que adquiere rango excelso en sus trabajos tipificados, sino la artista que recupera un material no tradicional del "gran" arte, para incorporarlo a ese arte de la actualidad que agranda y perfecciona el entramado de recámaras de su edificación siempre mutable, babilónica torre de semejantes objetivos. Mahia accede además al textil no desde el remedo de la pintura -la bidimensionalidad del tapiz convencional- sino incorporando todas sus posibilidades de construcción tridimensional.


Lo conceptual tampoco sería un aspecto desdeñable en el análisis de sus temas e inclinaciones simbólicas. Lo decorativo "per se" no tiene lugar en esta sistemática de trabajo; si lo tiene la calidad del resultado, la factura, el color, la gama de teñido, el entramado, el volumen, el sentido temático, el forzamiento expresivo. La técnica y la sofisticación de los procesos para la creación de las obras establece una distancia trascendente con la frivolidad; no permite la improvisación sino la investigación.

La tendencia escultórica de su trabajo en los últimos tiempos -aunada a conceptos abiertamente post como la instalación- predicen un fecundo desarrollo, no como artista del textil sino como artista que se expresa a través de este medio concreto, rico, y notablemente sensitivo.

Este aspecto sensible, perceptivo, de los trabajos en textil de Mahia Biblos, mantiene un contenido rigor. No se busca el efecto visual sino la organización mediante colores-ritmos, repeticiones de dirección, juegos de texturas, formas de hilado y trenzado, que se ponen al servicio de la estética, y ésta a su vez al servicio de una reflexión sobre el pasado, sobre los modelos cuya alteración requiere siglos.

En su última obra, de la que ya podemos hablar como textil monumental, precisamente es el pasado el que impone un punto de partida. Los tradicionales fardos funerarios usados en diferentes sociedades para envolver a los muertos, blandos sarcófagos tejidos, aquí particularmente referidos a antiguas culturas incas del Perú, sirven para desarrollar su "Memorial Ancestral" donde se muestran con claridad los elementos preponderantes en su trabajo, la cohesión exacta entre lo pictórico y lo escultórico, entre la forma y el color. Todo ello es gracias a ese sentido dúctil del textil, materia-forma que posee en sí misma en virtud de las múltiples técnicas, o las diferentes fibras y los diversísimos teñidos.

Lo textil se torna entonces paradigmático, recupera cierta virtud táctil sin abandonar el ludismo abiertamente retiniano, rescata la riqueza de lo pictórico desde la percepción desprejuiciada del presente. Añade conceptos y modos de la más rigurosa contemporaneidad. Se permite citas y juegos de escala, metáforas y recuperación de iconografías remotas, exóticas en su perfección. Es decir, demuestra que el textil, o cualquier otro material soporte o técnica, pueden ser altamente expresivos. Nada garantiza el arte, pero éste está allí donde se encuentra, en las obras que son creaciones y que incluyen todas esas posibilidades en continua modificación, que afectan al "palimsesto" artístico, a la casa habitada y habilitada por la creación.

El Financiero, Sección Cultural
Viernes 20 de marzo de 1998